Por Luis Miguel Castilla.

En la geopolítica internacional dominada por la guerra en Ucrania y la competencia por la hegemonía entre EEUU y China, la problemática de América Latina está totalmente excluida. Solo cuando hay elecciones presidenciales, desastres naturales o crisis económicas (o políticas que hoy en día van de la mano), la región figura marginalmente en los debates internacionales o en la agenda de los países industrializados de Occidente. EEUU que ha sido tradicionalmente el socio natural de los países latinoamericanos tiene una agenda hemisférica de mínimos que se reduce a su eventual preocupación por la migración ilegal mexicana o centroamericana o a consideraciones de seguridad nacional ante el narcotráfico que viene de Colombia.

La situación en Venezuela ha sido fuente de interés pasajera para la Casa Blanca en función de la agenda impuesta por la diáspora latina en Florida y la presión de influyentes senadores cubano americanos. En los últimos años, la política exterior estadounidense ha estado atenta a la cada vez mayor presencia china en la región. Sin embargo, su estrategia ha sido la “del perro del hortelano”: no hace nada ni deja hacer. Así, intenta frenar la expansión china como fuente de inversión extranjera en sectores clave de las economías pero sin plantear una estrategia real de mayor presencia económica de sus intereses en la región.

Las herramientas tradicionales comerciales o el alcance financiero acotado de la banca multilateral no han sido suficientes para evitar que EEUU sea desplazado por los chinos que tienen una visión de largo plazo en la región y bolsillos más profundos. En el caso de nuestro país, la inversión china es cada vez más importante en sectores fundamentales como minería, energía, infraestructura, banca, etc. y además es una inversión que se torna cada vez más sofisticada y cumple los estándares internacionales en materia social y ambiental (a diferencia de la del pasado).

El puerto de Chancay de propiedad china, que se constituye como uno de los de mayor proyección en esta parte de la cuenca del Pacífico, ha provocado la preocupación y la protesta de los americanos, pero no ha venido acompañada por ninguna política real para mantener o recuperar su presencia. El Perú debe aprovechar de manera inteligente su privilegiada ubicación geográfica y constituirse en un socio relevante para todos los países sin comprarse pleitos ajenos. Evidentemente que esto requiere avanzar en materia de competitividad y productividad para sacarle mayor beneficio a su inserción internacional. Esta agenda lamentablemente está paralizada hace años y el Perú desciende en los rankings internacionales.

Nota: La entrevista en este diario argentino consigna un error en mi CV. Fui viceministro del MEF en el segundo gobierno de AGP y no ministro como se señala.
Lee la entrevista completa a Luis Miguel Castilla aquí.