Por Luis Miguel Castilla

El foco del análisis de la economía está usualmente centrado en la realidad nacional y no se da suficiente espacio a la reflexión y al planteamiento de propuestas para atender la problemática regional. Lo que ha pasado en el país este último año en el plano político muestra claramente un país excesivamente centralista y desconectado de la realidad de las regiones. Se presta atención a las regiones cuando hay conflictividad social (asociada usualmente a los sectores extractivos), cuando estallan casos de corrupción que involucran a las autoridades regionales o cuando se realizan elecciones.

Esto debería cambiar ya que es preciso entender mejor la dinámica económica regional y especialmente que diferencia a regiones pujantes de aquellas que se mantienen rezagadas. Estas últimas al no sentirse beneficiadas del progreso reclaman legítimamente cambios disruptivos al sistema. Desde que se inició la pandemia, aún el 50% de las regiones no logra recuperar los niveles de PBI registrados previamente, la tasa de desempleo es más elevada que el promedio nacional y la inflación es más alta en 20 regiones que la tasa que se registra en Lima. Lamentablemente la acción de sus autoridades a través de la ejecución de la inversión pública no contribuye al bienestar económico.

Lo que si parece tener un impacto positivo sobre la actividad económica es la inclusión financiera o la predominancia de sectores primarios, como la minería. En el Observatorio del Bicentenario podemos hacer un seguimiento continuo de la realidad regional y contribuir a tener una ciudadanía más informada. Recordemos que en 12 meses volvemos a las urnas a escoger alcaldes y gobernadores regionales.

Conoce más en la columna de opinión de Luis Miguel Castilla del Diario El Comercio.