Por Luis Miguel Castilla

El incremento en los precios internacionales de commodities energéticos y alimenticios, así como el estancamiento en la recuperación del empleo ha reavivado el temor de experimentar un episodio de estanflación a nivel mundial, especialmente en los EE.UU. Este período se caracteriza por la coexistencia de una recesión económica y elevados niveles de desempleo con un aumento de la inflación. A medida que la economía mundial experimenta un periodo de reactivación post pandemia, la inflación experimentada por Estados Unidos (5.2% en septiembre) y otros países de la región, como Brasil (10.3%) y México (6.6%), podría frenar la recuperación de la actividad económica al estar obligando a los principales bancos centrales a adoptar una política monetaria restrictiva para reducir las expectativas inflacionarias futuras.

El Perú ha experimentado en su historia episodios de estanflación. El más reciente ocurrió al final de la década de 1980, donde la hiperinflación coincidió con el colapso en la actividad productiva en el periodo 1988-1990. En la actualidad, nuestro país experimenta un periodo de recuperación económica. Sin embargo, a pesar del “rebote estadístico” en la tasa de crecimiento, la recuperación del empleo formal ha sido más moderada y aun no ha logrado alcanzar los niveles prepandemia. Según la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO), en el segundo trimestre del 2021 la tasa de desempleo fue 7.2%, equivalente a 1.3 millones personas que se encuentran buscando empleo, pero no lo encuentran. Si bien se muestra una recuperación respecto del valor reportado en 2020, igual a 10.8%, éste se ubica por encima del valor prepandemia (5% en el 2019). 

Por su parte, la tasa inflación anualizada fue 5.2% al mes de septiembre, la más alta desde 2008. Este incremento se debe al alza en los precios internacionales de bienes como el trigo (18.4%), el maíz (28.5%) y el aceite de soya (51.6%), considerando que el rubro de alimentos y bebidas representan el 37.8% de la canasta considerada para la construcción del Índice de Precios al Consumidor. De hecho, este rubro presenta una tasa de inflación interanual de 9.2% entre octubre 2020 y setiembre del año en curso. Además, los precios internacionales de commodities energéticos han experimentado un fuerte incremento en los últimos meses, como es el caso del petróleo (42.7%), el Gas Licuado de Petróleo (54%) y la gasolina (47%).

A nivel regional, las condiciones de empleo se recrudecieron en 2020, pues la tasa de desempleo se incrementó en promedio 5 puntos porcentuales en todas las regiones. Cinco regiones poseen las tasas de desempleo más elevadas: Arequipa (15.9%), Lima (15.3%), Tumbes (13.2%), La Libertad (12.8%) y Moquegua (11.4%). Respecto a la inflación a nivel regional, 22 ciudades registran una inflación superior al valor nacional, siendo los valores más elevados los registrados en Puerto Maldonado (10.8%), Huaraz (10.3%), Chiclayo (9.7%), Moyobamba (9.5%) y Huánuco (9.3%). 

Considerando la tasa de crecimiento económico a nivel regional, promedio de los dos primeros trimestres del 2021, y la tasa de inflación interanual, para el periodo comprendido entre octubre 2020 y setiembre 2021, se evidencia que cuatro regiones (Madre de Dios, Huánuco, Amazonas y San Martín) presentan riesgo de estanflación. Estas poseen las más altas tasas de inflación y también presentan las tasas de recuperación económica más bajas, en comparación con otras regiones del país.

Si bien el repunte inflacionario es transitorio y se espera que, en los próximos meses, se modere por la reversión de los choques de oferta ante la corrección a la baja de los precios internacionales de los alimentos y la energía, el Banco Central de Reserva (BCR) ha recurrido al incremento de la tasa de interés de referencia. En agosto se incrementó en 25 puntos básicos y en setiembre y octubre se produjeron otros dos incrementos de 50 puntos básicos, obteniendo una tasa de interés de referencia de 1.5%, en el contexto de alzas recientes en las expectativas de inflación. La reciente ratificación del presidente del BCR y el nombramiento de parte del directorio con profesionales idóneos permite prever que la política monetaria continuará actuando con autonomía y cumplirá con su objetivo central que es lograr la estabilidad de los precios.

Por otro lado, la reactivación del empleo pasa porque el gobierno adopte medidas concretas que promuevan la inversión privada y reduzcan los elevados niveles de incertidumbre que existen en estos momentos, pues el índice de expectativas de la economía a tres meses tomó su valor más bajo desde el inicio de la pandemia. Estas medidas incluyen el impulso a los grandes proyectos de inversión minera en cartera y aceleren los avances en la ejecución del Plan Nacional de Infraestructura para la Competitividad. En caso contrario, las expectativas empresariales continuarán deprimiéndose, lo que reducirá los niveles de inversión privada afectando aún más la lenta recuperación del empleo. Una política fiscal expansiva no será suficiente para dinamizar la demanda interna. 

El cambio en el gabinete otorga una tregua que puede ser muy efímera sino se aprovecha para construir mayor confianza deponiendo la intención de adoptar cambios radicales al modelo económico a través de una nueva Constitución y, así, aquietar los temores de los agentes económicos. Salvo algunas regiones del país, el riesgo de una estanflación es baja en el país. Sin embargo, el riesgo de un crecimiento mediocre e insuficiente es elevado. Ojalá que las autoridades tomen conciencia de esta situación y tomen el camino de la sensatez y el pragmatismo.