Por Paola Bustamante

La pobreza en nuestro país a vuelto a situarse en niveles de hace 10 años. Un tercio de la población se encuentra en situación de pobreza y 3 millones de peruanos han pasado a ser pobres éste último año, a consecuencia de la pandemia ocasionada por la Covid -19.

Ello ha contribuido a agudizar aún más la situación de miles de personas que padecen hambre, generando con ello, cadenas de solidaridad para atender con raciones de alimentos a las poblaciones más vulnerables a través de las denominadas ollas comunes. Estas representan un espacio de encuentro donde, de manera  fraterna, se preparan los alimentos (desayunos y almuerzos) para atender a quienes no tienen como alimentarse diariamente. Los insumos para las raciones son aportes de los propios vecinos, que reúnen lo que tienen para cocinar colectivamente, las iglesias, la sociedad civil, empresas, gobiernos locales y gobierno nacional.

De igual forma, los comedores populares abrieron sus puertas para preparar raciones de almuerzos para los más vulnerables y jugaron un rol clave durante la pandemia. Estos nacieron aproximadamente en los 80 para atender, inicialmente con desayunos y posteriormente con almuerzos, a las familias que lo necesitaban.  En este caso, el gobierno nacional les asignó un presupuesto para que cuenten con equipos de protección personal, así como material de limpieza, para mantener la higiene adecuada durante el proceso de preparación y entrega de los almuerzos. Asimismo, se fortaleció el seguimiento para que los gobiernos locales adquieran los alimentos que forman parte de la canasta que reciben para la preparación de las raciones que se entregan.

Cabe señalar que el hambre se torna más agudo en las áreas urbanas, ya que en el ámbito rural, las familias tienen pequeñas parcelas que les permiten obtener alimentos para su autoconsumo y el excedente, intercambiarlo o venderlo, de tal forma que si bien, podría no configurar una dieta con todos los requerimientos calóricos necesarios, tienen como paliar el hambre. En el ámbitio urbano, ello es más dificil, ya que si no se tienen los recursos para adquirir los alimentos, no se tiene como cubrir el requerimiento mínimo para cada uno de los integrantes del hogar.

Siendo así, desde el Gobierno Nacional, se buscó que durante la inmovilización social obligatoria, los hogares cuenten con algún ingreso que les permita paliar el hambre, ya que no se podía salir a trabajar (bono universal y bono independiente). De igual forma, durante la segunda ola, se aprobó el bono 600 que se entregó a los hogares que se encontraban en la misma situación de inmovilización social obligatoria, por ser parte de las provincias declaradas con riesgo extremo. En la actualidad, las medidas de confinamiento e inmovilización social obligatoria ya no están vigentes, con lo cual es posible salir a buscar empleo y con ello obtener ingresos, ya que los hogares requieren que estos ingresos sean permanentes y no ocasionales. En este punto, es necesario la reactivación económica para lograr que se genere mayor empleo en el país. 

En el mes de enero del presente año, el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (MIDIS), creo la Intervención Temporal Hambre Cero, “con la finalidad de contribuir en la reducción de brechas de inseguridad alimentaria de manera focalizada, diferenciada y gradual, en beneficio de la población del ámbito urbano y rural en situación de vulnerabilidad como resultado de la propagación del COVID-19”. Esta intervención consta de tres componentes: (i) Desarrollo Productivo, (ii) Apoyo Alimentario; y, (iii) Articulación Territorial. Lamentablemente, ésta intervención no logró consolidarse, habiendo comprometido más de 480 millones de soles y avanzado en la articulación del MIDIS con los sectores vinculados.

Teniendo en cuenta que la pandemia continúa y que existe el riesgo de una tercera ola, es necesario evaluar la necesidad de implementar un sistema de asistencia alimentaria que garantice que quienes no tienen ingresos, tengan un lugar donde recibir, por lo menos, dos de las tres comidas del día

Actualmente existen más de 13 mil 700 comedores populares a nivel nacional reconocidos, con presupuesto, aunque insuficiente, y con mucho compromiso social y experiencia, lo que garantiza que los alimentos se preparen con los valores nutricionales adecuados y con calidad. El sistema de asistencia alimentaria, deberá contemplar fortalecimiento permanente, supervisión constante, entrega de los insumos con oportunidad o evaluar la entrega directa del presupuesto o de tarjetas de alimentos, para su manejo desde el propio comedor. El hambre no espera y desde el Estado se debe intervenir en el corto plazo.