Por Luis Miguel Castillo

Hoy se publicó el Marco Macroeconómico Multianual (MMM) 2023-2026 revisado, requisito previo a la sustentación del Presupuesto General de la República para el año entrante. En general, este documento mantiene el estándar técnico del MEF y eso es bastante saludable y marca una clara diferencia del resto del Ejecutivo, que ha degradado lo técnico a favor de lo político y la demagogia.

Los reparos respecto al MMM tienen que ver sobre la naturaleza de las proyecciones que resultan sobre optimistas y el supuesto que la sensatez regresará al Ejecutivo. Esto resulta poco creíble dada la situación política del país, el radicalismo retórico emprendido por la cúpula gubernamental y la aprobación de regulaciones claramente nocivas para la economía y que solo buscan favorecer a segmentos reducidos de la población.

Durante la conferencia de prensa, el ministro Burneo ha marcado el terreno respecto a algunas líneas rojas que no estaría dispuesto a aceptar del Presidente y el resto de sus colegas. Incluso ha afirmado con mucha claridad que “si lo pintan en la pared”, su paso por el MEF será efímero. Ojalá que este anuncio no sea meramente retórico y que tenga la capacidad y habilidad de frenar los desaguisados del Gobierno.

El MEF tiene que jugársela del todo para frenar la andanada regulatoria que mina el funcionamiento adecuado de la economía y limita la sostenibilidad de la recuperación de la actividad productiva. Esta es una tarea cuesta arriba por la dilución del poder del MEF, que antes ejercía un rol disciplinador para el resto del Estado, Congreso incluido.

Queda pendiente conocer el paquete reactivador anunciado que ojalá no solo sea la aplicación de una política fiscal expansiva sino que atienda las reales razones del pesimismo de los agentes económicos: la incertidumbre y la aplicación de medidas anti técnicas y anacrónicas. Al menos hoy hay que reconocer positivamente el cambio de actitud del MEF.

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