Por Luis Miguel Castilla.

El actual titular del MEF está siendo permisivo con las malas regulaciones que el resto del Ejecutivo dicta afectando el entorno para hacer negocios. Subestima el impacto de las malas regulaciones sectoriales afirmando que lo más afecta a la inversión es la inestabilidad de las reglas del juego y no tanto si estas son buenas o malas. Evidentemente ambos factores son perjudiciales y explican porque la prima regulatoria se ha disparado en el país, razones detrás del pesimismo empresarial y la decisión de ralentizar los gastos de inversión.

La ausencia de un adecuado análisis de calidad regulatoria contraviene las recomendaciones de la OCDE, y tiene el efecto adverso de motivar una fiscalización que puede ser abusiva y carente de proporcionalidad legal y de darle cabida a un Congreso populista que legisla sin ningún tipo de consideración técnica. El listado de malas regulaciones que no parece importarle al MEF para la recuperación de confianza de su esperado plan de reactivación es extenso.

Ejemplos abundan tales como nuevos parámetros para gatillar octógonos en alimentos que desincentivan la reformulación de productos (son tan extremos que todo llevará octógonos); restricciones a la circulación de motos lineales por 2 personas; Estado de Emergencia en Lima y Callao por temas de seguridad que no resuelven nada; expulsión de extranjeros infractores; subsidio de los peajes; la nefasta Agenda 19; y un largo rosario de leyes anti técnicas aprobadas por insistencia por el Congreso de la República.

No es una buena receta pensar que lo único que se requiere para reactivar la economía es estimular la demanda agregada a través de la política fiscal. Claramente una política fiscal expansiva será insuficiente sin que se encaren las malas regulaciones que están al orden del día y abonan a un pesimismo que no da tregua. El ministro Burneo debe dar cuenta de esta situación y hacer algo al respecto y no hacerse de la vista corta ante la avalancha de malas regulaciones.

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