Por Luis Miguel Castilla

Tras el otorgamiento de facultades legislativas parciales al Ejecutivo (sin cambios mayores en la parte tributaria) y el anuncio que el MEF insistirá presentando proyectos de ley la próxima legislatura es preciso responder para qué se requiere más recursos públicos. Esta pregunta cuya respuesta parece ser obvia se torna fundamental ante el hecho que la disposición de mayores recursos presupuestales no ha permitido mejorar la calidad de vida de millones de peruanos. Los últimos 10 años el presupuesto de la República se incrementó en S/100.000 millones (casi triplicándose) con una presión tributaria relativamente estable.

El crecimiento económico, la bonanza externa y el acceso a los mercados de capital permitieron dotar a los gobiernos de una fuente enorme de recursos como nunca antes. Sin embargo, el Perú mantiene unas brechas sociales significativas y peor aun más gasto público no ha tenido el impacto esperado en educación y salud. La solución no pasa por incrementar los recursos públicos sino por encarar una de las falencias más grandes del Estado: la deficiente gestión pública en los tres niveles de gobierno.

Múltiples factores ayudarían a que esto ocurriera, empezando por una mayor efectividad en la lucha contra la corrupción, redefinir la descentralización, implantar la meritocracia, reformar el sistema de control interno, entre otros. No obstante todo esto tomaría mucho tiempo ante los reclamos de la población. Algo más alcanzable que si aportaría con mayor inmediatez a mejorar la gestión pública serían nombramientos más idóneos y una mayor estabilidad política para reducir la perniciosa elevada rotación de autoridades que atentan contra la continuidad en las políticas públicas y una adecuada prestación de servicios básicos.

La promesa de generar más recursos claramente no basta. El gobierno del presidente Castillo debería enfocar todos sus esfuerzos primero en mejorar la gestión pública en lugar de petardearla como lo ha hecho hasta el momento. Y luego si quiere ampliar la base tributaria tiene que apostar por la medida segura: acelerar el crecimiento económico que es lo que más rinde tributos y empleo, la prioridad número uno de la población. Cualquier otro esfuerzo podría ser inútil.

Conoce más en la columna de opinión de Luis Miguel Castilla en el Diario El Comercio: