Por Janice Seinfeld

Según reporta el Ministerio de Salud (Minsa), al 28 de setiembre último se han aplicado alrededor de 25 millones de dosis de vacunas contra la COVID-19 en el Perú. Desagregada esta cifra, llegamos a 10.1 millones de personas con pauta completa y 4.9 millones con una dosis. Es decir, el 36.2% de la población objetivo (mayores de 12 años) está totalmente vacunada.

Sin embargo, la distribución es inequitativa. Mientras que algunas localidades superan el 45% de su población con dos dosis —es el caso de Tacna—, en departamentos como Puno o Loreto este avance no pasa del 22%.

Diversos factores explican estos resultados. El primero es la gestión regional. Como muestra el siguiente cuadro, claramente algunos Gobiernos regionales son más eficientes que otros para gestionar las franjas de edad y disponer de establecimientos para aplicar las dosis recibidas. 

Considerando que en los próximos meses llegarán al país importantes volúmenes de vacunas —solo en septiembre sumarán alrededor de 13 millones de dosis, más que las recibidas en julio y agosto juntos—, es esencial mejorar el ritmo de vacunación. Y para ello se debe incentivar la oferta y la demanda.

Los “vacunatones” y “vacunafest” de los fines de semana han sido medidas efectivas para estimular la oferta. Son sesiones ininterrumpidas de 36 horas o más, en distintos lugares del país, para vacunar a personas en nuevas franjas de edad, rezagados y grupos priorizados. Esta estrategia ha permitido llegar a aplicar cerca de 530,000 dosis en un día y hasta 2 millones de dosis a la semana.

Pero, para atender mayores volúmenes de vacunación, se debe ampliar el número de locales y brigadas, extender los horarios de funcionamiento para las personas que solo pueden asistir de noche a vacunarse, y acelerar la distribución de dosis del Centro Nacional de Abastecimiento de Recursos Estratégicos en Salud (CENARES) a los Gobiernos regionales, y de estos a los puntos de vacunación. También urge tomar en cuenta a otros actores, como las farmacias ubicadas estratégicamente, para aumentar los puntos de vacunación y facilitar, así, el acceso a ellos.

Otro aspecto a considerar es que hay más de 800,000 adultos mayores de 60 años que no se han vacunado, y 230,000 que no volvieron por su segunda dosis. Para acercar la vacunación a estas personas, el Minsa ha emprendido la estrategia “Vamos a tu encuentro, vacúnate ya”. Hay que expandir esta campaña a las regiones con menor cobertura, investigar a qué se debe ese comportamiento y usar la información del padrón de vacunación para focalizar esfuerzos de un modo creativo en función a cada contexto.

En cuanto a la demanda, hasta ahora se observa una reacción general positiva. Sin embargo, vemos cómo en otros países la demanda disminuye cuando se alcanza cierto umbral de población vacunada. Para lograr vacunar a la mayor cantidad de gente posible, se pueden plantear incentivos a la vacunación en conjunto con el sector privado. Por ejemplo, ofrecer vales de consumo y descuentos al presentar el carnet de vacunación.

Otro elemento clave es la comunicación. La evidencia señala que amplificar su alcance y apelar a mensajes provenientes de la economía del comportamiento tiene resultados más efectivos. El estudio “A behavioral economics perspective on the COVID-19 vaccine amid public mistrust”, de Jessica Londeree Saleska y Kristen R. Choi, es prueba de ello. Las autoras recomiendan, por ejemplo, apelar a los beneficios sociales de vacunarse, con mensajes como: “Si no te vacunas, puedes afectar a tus seres queridos”. Conforme se amplíen los rangos de edad de vacunación, se puede evaluar aplicar ciertas restricciones, como mostrar la prueba de vacunación para acceder a ciertas actividades. De hecho, el Decreto Supremo 151-2021-PCM dispone que los estadios deportivos se pueden abrir con aforo del 20% únicamente para quienes tienen la pauta completa de vacunación. Estas restricciones se deben expandir a otros casos parecidos.

Mejorar la estrategia y velocidad de vacunación es la principal herramienta para contener la pandemia. Más aún cuando pronto tendremos mayor disponibilidad de dosis y continuamos ante el riesgo de una tercera ola de contagios. Estas acciones deben ir de la mano con medidas basadas en evidencia, como la adecuada ventilación de los espacios cerrados y el uso de mascarillas.