Por Luis Miguel Castilla

Estamos a menos de cinco meses de los comicios regionales y locales, y la pesada herencia económica que le tocará manejar a las nuevas autoridades será una deficiente gestión pública y un mercado laboral mucho más precarizado del que encontraron sus predecesores en el cargo.

Todavía muchas regiones no recuperan los niveles de actividad económica pre-pandemia y las recientes decisiones del Gobierno Nacional y el Congreso de la República harán más difícil la recuperación del bienestar de los trabajadores. La tasa de informalidad laboral bordea el 90% en varias regiones, especialmente en aquellas con una proporción elevada de jóvenes y microempresas, y con sectores agrícolas y de servicios (como el turismo) que son predominantes.

A diferencia de lo que sostiene el Ministerio de Trabajo, según la última encuesta de hogares, la productividad laboral (valor agregado productivo por trabajador ocupado) en las regiones se mantiene estancada en los mismos niveles de hace cinco años atrás.

Por su parte, los menores ingresos laborales se están viendo severamente erosionados por una tasa de inflación que largamente supera el incremento del Índice de Precios al Consumidor en Lima. Todo lo anterior tendería a estar agravado por la malas políticas que el Gobierno está adoptando en materia laboral y que el Congreso populista podría no querer detener. Pronto el Parlamento discutirá la propuesta para un nuevo código laboral que el Ejecutivo sindicalizado presentará.

Es evidente que la informalidad se perpetuará con cambios que podrían hacer mucho más onerosa la contratación de trabajadores formales y no queda claro que el Congreso le ponga un pare a las pretensiones del Gobierno. El hecho que la presidenta del Parlamento tuviera que retroceder en su intento de flexibilizar algunas leyes laborales al inicio de su mandato hace prever que el populismo legislativo seguirá imponiéndose.

La carga más pesada la seguirán pagando los peruanos, especialmente los que habitan en provincias, como lo confirman las últimas cifras recientemente publicadas por el INEI. Así estamos pues retrocediendo como el cangrejo y nadie hace nada.

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