Por Daniel Alfaro

El incremento del salario docente, la meritocracia para promover la mejora continua en su profesionalización y la formación de los profesores actuales y futuros albergaron la mayor cantidad de esfuerzos y discusiones alrededor de la carrera docente. Estos avances son positivos por separado, pero en conjunto refuerzan un impacto específico: la valoración de la carrera docente.

Una mayor valoración de la carrera en la sociedad atraería a las y los jóvenes con más talento y vocación a la profesión. En el transcurrir del tiempo, contar con los mejores postulantes a la educación superior pedagógica optimizaría su formación profesional para alcanzar todo el potencial que el cuerpo docente promete sobre los aprendizajes.

Salario docente e incentivos 

El salario docente se ha incrementado de forma generalizada de S/1,555 en 2015 a de S/2,400 por una jornada de 30 horas semanales. Estos aumentos han beneficiado a los cerca de 400 mil profesores en la educación básica pública que incluye tanto a los docentes nombrados en la Carrera Pública Magisterial (CPM) como aquellos que renuevan sus contratos cada año. Asimismo, origina un incremento proporcional en cada una de las escalas salariales de la CPM. 

Además, existen los incentivos para llevar al mejor docente donde más se necesita. Aquellas plazas en zonas rurales alejadas, de frontera y en el VRAEM gozan de asignaciones adicionales, así como los docentes con mayores responsabilidades administrativas. Un reciente estudio de la Universidad del Pacífico, demostró la necesidad de evaluar qué medida estas asignaciones logran mejorar los aprendizajes en sus estudiantes.

En general, los incrementos salariales han aumentado la participación de las remuneraciones docentes sobre el gasto público en educación (de 45% a 55%), el cual representa el mayor gasto dentro del presupuesto público. Con ello, la mayor apuesta del gasto educativo para mejorar aprendizajes es a través del cuerpo docente. 

En este contexto, dos situaciones demandan una mayor preocupación para la formación de futuros maestros: el mayor presupuesto destinado a remuneraciones es un gasto corriente que se repetirá todos los años y el hecho de que el cuerpo docente transitará por un recambio generacional acelerado (en promedio tienen 45 años y se deben jubilar a los 65%). De ahí que lo más estratégico para desarrollo de la educación sería mejorar las competencias de los futuros docentes, por lo que la revolución de la educación superior pedagógica es urgente. 

Revolución urgente  

Actualmente, existe en promedio un postulante por cada vacante en las escuelas superiores pedagógicas. Es decir, la poca atracción de postulantes a la carrera genera una menor competencia y así disminuye la posibilidad de seleccionar a los mejores futuros maestros. 

Para revertir esta situación, será necesario seguir mejorando las condiciones salariales a través de la meritocracia y continuar con el fortalecimiento de la Carrera Pública Docente. Sin embargo, lo más urgente sería elevar la calidad de las instituciones de la educación superior pedagógica. Según la Encuesta Nacional de Docentes de 2018, el 37% de docentes egresó de una universidad y el 63%, de una escuela superior de formación pedagógica. 

En el caso de las universidades, el licenciamiento concluido asegurará el cumplimento de las condiciones de básicas de calidad, pero en el caso de las escuelas se cuenta con 32 instituciones licenciadas de 183 escuelas superiores que, en 2021, están formando cerca de 50 mil estudiantes (68% públicas y 32% privadas). Pero más allá de las condiciones básicas en estas instituciones, será necesario reforzar las capacidades de enseñanza y evaluación por competencias, con el reforzamiento de las habilidades digitales y blandas en los docentes. 

Reforma Magisterial y meritocracia

Gracias a la Ley de Reforma Magisterial, se cuenta con concursos que permiten el nombramiento en la Carrera Pública Magisterial (CPM) para brindar una mayor estabilidad laboral e implementar incentivos de mejora continua por medio de concursos para el ascenso en las escalas salariales. 

A la fecha se han realizado tres concursos de nombramiento con la participación de alrededor de 200 mil postulantes cada vez. Pese a contar con la posibilidad de lograr un elevado número de ingresos a la CPM, un bajo porcentaje de docente logró superar la Prueba Única Nacional (PUN) y la prueba descentralizada para su nombramiento: 8,137 en el 2015, 10,120 en el 2018 y 4,554 en el 2019. En 2020, se canceló el concurso de ingreso por la pandemia y, en 2021, se reanudó.

A la luz de estos resultados, resulta poco probable que se llegue a la meta de los 80 mil docentes nombrados, tal como lo prometió el premier Guido Bellido durante el voto de confianza. En este sentido, lo recomendable es mantener la exigencia de las pruebas para estimular la preparación de los postulantes a la CPM y a su vez focalizar capacitaciones en los docentes que obtuvieron puntajes cercanos al mínimo requerido en la PUN. 

Del mismo modo, se podría evaluar que la periodicidad de la PUN sea bianual (y no anual) y que se habilite la posibilidad de que los docentes puedan dar la prueba descentralizada durante más años conforme se abran las plazas que sean de su mayor interés. Esta recomendación también permitiría generar ahorros que podrían redirigirse a las necesarias capacitaciones.

Es preciso resaltar que gracias a los concursos de ascenso de 2018 y 2019, alrededor de 44 mil docentes han subido una escala salarial y que dentro de las evaluaciones de desempeño a los docentes de educación inicial, la gran mayoría logró superarlas. Estas últimas buscan evaluar las capacidades de todo el cuerpo docente nombrado. Actualmente, se están implementando en los docentes de primaria y posteriormente se deberá hacer lo propio con los de secundaria.  

En conclusión, reforzar la meritocracia para seguir elevando salarios; diseñar los incentivos más efectivos para que los mejores docentes vayan donde sean más necesarios, e implementar la urgente revolución de la educación superior pedagógica serán pasos necesarios para fortalecer la confianza entre los docentes y el Estado con la finalidad de instalar un ambiente propicio para cultivar la mejora continua de los docentes en beneficio de sus estudiantes.