Por Luis Miguel Castilla

En los últimos 25 años, China ha pasado a ser una potencia manufacturera y tecnológica, siendo la segunda mayor economía del mundo, solo detrás de EE. UU. De ser un país ensamblador, ha pasado a liderar sectores como inteligencia artificial, 5G, vehículos eléctricos y paneles solares. A través de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, ha invertido significativamente en infraestructura en el mundo en desarrollo. Definitivamente, China desafía el orden liderado por EE. UU. y se presenta como una alternativa al modelo occidental de desarrollo, especialmente de cara al repliegue de EE. UU. de las reglas multilaterales y su creciente nacionalismo económico. 

El fortalecimiento de los lazos económicos entre China y América Latina 

El comercio bilateral entre el gigante asiático y América Latina ha crecido de forma exponencial, siendo el principal socio comercial de varios países, incluyendo el nuestro. China seguirá buscando asegurar el suministro de metales críticos como el cobre, claves para su transición energética, y lo demandará de economías como la peruana. En materia de inversiones, se constituye en un jugador cada vez más importante. Desde la incursión de Shougang en 1992, China ha invertido fuertemente en minería (Toromocho y Las Bambas), energía, banca e infraestructura, desde carreteras y puertos (Marcona y Chancay). 

Retos y controversias en la relación económica con China 

Sin embargo, esta relación enfrenta diversos desafíos. Se cuestiona que los estándares de la inversión china en materia ambiental y laboral no sean los más elevados. En algunos sectores se percibe que empresas chinas desplazan a compañías nacionales ofreciendo precios muy bajos (a veces subsidiados por el gobierno chino). Quizá lo más complejo sea el contexto de crecientes tensiones geopolíticas que prevalecen en el mundo. A medida que China amplíe su influencia, EE. UU. presionará para equilibrar el escenario geoestratégico con la amenaza de imponer barreras arancelarias adicionales. 

La compatibilidad del modelo chino con el marco normativo nacional 

Además, cabe preguntarse si es compatible el modelo chino con el marco normativo nacional. La mayoría de grandes empresas chinas que invierten en el extranjero están total o parcialmente controladas por el Estado, que las coordina, financia y respalda. El desafío está en cómo se las gestiona y regula. En el Perú, las empresas chinas están sujetas a la misma legislación que cualquier otra empresa privada nacional o extranjera. Sin embargo, la aplicación efectiva de la legislación tributaria, por ejemplo, puede enfrentarse a desafíos prácticos y legales, especialmente en casos de integración vertical, precios de transferencia y estructuras corporativas complejas. Esto está derivando en una mayor litigiosidad. 

Una relación estratégica con proyección a largo plazo 

Pese a estos desafíos, la relación con China es tan importante que continuará siendo un actor muy relevante en nuestro país, y los espacios dejados por otros serán tomados por el gigante asiático, que mira con visión estratégica y de largo plazo su presencia en la región. 

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