Por Luis Miguel Castilla

Los discursos presidenciales han estado cargados de cifras, anuncios genéricos o promesas que no conectan con los problemas cotidianos de la ciudadanía. Cuando no se perciben soluciones concretas, la población siente que se trata de “más de lo mismo”. Los peruanos hemos escuchado por años promesas similares que raramente se cumplen. Esto ha generado un nivel de indiferencia o incluso cinismo frente al discurso político y una pérdida de credibilidad del presidente y del Estado en general. 

El mensaje presidencial como defensa, no rendición de cuentas 

Peor aún, los discursos presidenciales han servido más para defender la gestión ante críticas, culpabilizar a otros poderes del Estado o a gobiernos anteriores, evitar asumir errores o escándalos propios. La presidenta Boluarte no ha sido la excepción. Esto contribuye a la percepción de que el mensaje presidencial no es un acto de rendición de cuentas, sino un acto de autojustificación. 

Bajas expectativas y exigencia ciudadana frente al próximo mensaje 

De acuerdo con una evaluación basada en múltiples encuestas recientes sobre lo que esperan los peruanos del próximo mensaje a la Nación, se espera muy poco. Según las encuestas, 2 de cada 3 peruanos consideran que la inseguridad debe ser el tema central del mensaje presidencial. La población exige medidas concretas —no solo retórica— para frenar los índices crecientes de violencia, narcotráfico y crimen organizado, que causaron más de 2,000 muertes en 2024. La corrupción aparece como la segunda prioridad, con un 49 % que espera acciones claras y resultados. 

Escasos logros percibidos y falta de una visión de transición 

En la recta final de su mandato, la presidenta Boluarte muestra muy pocos logros que sean percibidos por la mayoría de peruanos. Es poco probable que el próximo 28 escuchemos una autoevaluación honesta de su gestión y planteamientos factibles para dejar el país en orden ante la transición política que se viene. En materia económica, la situación está mejor que hace 12 meses. El empleo se ha recuperado, la inversión privada ha crecido finalmente y hay avances reales en el objetivo de acelerar el cierre de las brechas de infraestructura. 

Promesas incumplidas y la respuesta deficiente ante la inseguridad 

Sin embargo, ahí terminan las buenas noticias. Las promesas incumplidas y la actitud frívola y permisiva del Gobierno ante la crisis de inseguridad y la violencia asociada al notorio avance de las economías ilegales erigen una barrera a un mayor bienestar de los peruanos. A esto se suma la creencia de que anunciar presupuestos millonarios para financiar obras es el antídoto para todo. Sin mejorar la integridad y eficiencia estatal y su capacidad de dotar de mejores servicios básicos, lo que se consigue es alienar más a los electores e impulsarlos a caer tentados ante promesas populistas. 

El Perú necesita liderazgo eficaz y conexión con la realidad 

Teniendo un país repleto de oportunidades y una economía resiliente, lo que urge para encarar los desafíos pendientes y materializar un mayor progreso es un liderazgo realmente eficaz que sintonice con los problemas que agobian a la mayoría. De lo que hemos carecido el último quinquenio. Dicho eso, no perdamos la esperanza de que tiempos mejores vendrán. ¡Felices Fiestas Patrias! 

Revisa el informe completo de Videnza Instituto en Gestión: