Por Luis Miguel Castilla
El reglamento de la reforma previsional recientemente publicado no solo da operatividad a la Ley de modernización aprobada el año pasado por el Congreso de la República, sino que incorpora mecanismos esenciales para asegurar la universalidad, equidad y sostenibilidad del sistema previsional. Entre sus principales virtudes destacan mayor cobertura desde juventud, pensiones mínimas protegidas por el Estado, movilidad entre sistemas y apertura a nuevos administradores, nuevas modalidades de aportes (voluntarios, por consumo) y participación formal de independientes, y protección frente a retiros injustificados, entre otros.
El octavo retiro: una contradicción con la reforma
Sin embargo, proponer un octavo retiro de los fondos de pensiones, como quisieran varios congresistas ad portas de una reelección, en paralelo con el inicio de la reforma, genera una contradicción política, económica y técnica que resulta sumamente inconveniente. Claramente hay una incoherencia en la política pública. La reforma previsional busca mejorar la sostenibilidad del sistema de pensiones, aumentar la cobertura y garantizar pensiones dignas para los ciudadanos. Un nuevo retiro, en cambio, erosiona los fondos acumulados, debilita el sistema y profundiza la informalidad, al enviar el mensaje de que las pensiones pueden ser usadas como fondos de ahorro de corto plazo. En corto, no se puede construir un sistema de pensiones más fuerte permitiendo, al mismo tiempo, que los afiliados vacíen sus cuentas de manera recurrente.
Afiliados sin ahorros y mayor vulnerabilidad
A la fecha, los anteriores retiros han vaciado las cuentas de aproximadamente 5 millones de afiliados, dejando a una gran parte de ellos sin ahorro previsional alguno. Un octavo retiro agravaría esta situación, especialmente entre los trabajadores de bajos ingresos, quienes son los más vulnerables a la pobreza en la vejez. Se estaría hipotecando la protección social futura de millones de peruanos para resolver problemas presentes de liquidez individual por mero cálculo político.
Riesgo de deslegitimar la reforma
De concretarse un nuevo retiro, el Congreso estaría deslegitimando la reforma previsional que este poder aprobó hace un año, luego de años de debate. La publicación del reglamento de la reforma es un paso importante hacia un sistema más justo y equilibrado, pero pierde legitimidad si el Congreso actúa en contra de sus principios fundamentales. La señal que se da a la ciudadanía es que la reforma no tiene respaldo político real y que las decisiones previsionales responden más a intereses coyunturales y populistas que a una visión técnica de largo plazo.
La urgencia de coherencia y compromiso político
En suma, un nuevo retiro propuesto por el Congreso es incompatible con el objetivo de la reforma previsional. Resulta perjudicial para la sostenibilidad del sistema, inconsistente con las metas de largo plazo y genera consecuencias económicas, sociales e institucionales muy negativas. Para que la reforma tenga éxito, se necesita coherencia, responsabilidad fiscal y compromiso político, no medidas contradictorias que comprometen el futuro de los peruanos.
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