Por Luis Miguel Castilla 

Pese a mantener sólidos indicadores de solvencia (comparados con la región), la evolución reciente evidencia un deterioro de la institucionalidad fiscal que no se puede subestimar y debe ser un tema de discusión en las próximas elecciones. Las reglas fiscales han sido incumplidas repetidamente y se han invocado cláusulas de escape para relajar los límites de déficit y gasto. Esto, sumado a medidas impulsadas desde el Legislativo y el Poder Judicial que han generado obligaciones financieras adicionales (e.g. leyes aprobadas por insistencia que incrementan el gasto permanente sin identificar ingresos, luego avaladas en instancias judiciales), ha fisurado el anclaje fiscal del país. Este es un aspecto clave para sostener la estabilidad macroeconómica (junto con la política monetaria). La credibilidad de la política fiscal se ha debilitado: el Consejo Fiscal no ha dejado de advertir sobre el incumplimiento de varias reglas fiscales. Aunque la deuda y los indicadores financieros del Perú aún se perciben sólidos, la indisciplina fiscal y la alta rotación de autoridades económicas minan la confianza en el marco fiscal. Un anclaje menos firme eleva el riesgo de revisiones negativas por parte de las calificadoras y podría traducirse en mayores costos de financiamiento en escenarios adversos. Este riesgo no ha desaparecido.

Nuevos riesgos y vulnerabilidades en las finanzas públicas

Si bien se han dado algunos avances en la gestión de riesgos fiscales, nuevos focos de vulnerabilidad han aparecido. Por ejemplo, la utilización de activos líquidos ha mermado los colchones financieros disponibles ante eventuales crisis, a la vez que han emergido riesgos adicionales de importancia. Por un lado, la deuda neta ha subido en 20 puntos porcentuales en la última década por la utilización de activos financieros del Tesoro. De otro, el MEF enfrenta importantes contingencias. El caso de Petroperú es ilustrativo: la delicada situación financiera de la empresa petrolera estatal implicó inyecciones de capital y asunción de pasivos por parte del Tesoro, por montos significativos.

Débil recaudación tributaria y persistente evasión fiscal

Además, el Perú cuenta con numerosos gastos tributarios (exoneraciones y beneficios) y sufre de una alta evasión fiscal, factores que erosionan la base recaudatoria. Esta combinación de baja carga tributaria estructural y elevada evasión genera un déficit recaudatorio crónico, a la vez que hace a los ingresos fiscales sumamente sensibles a vaivenes cíclicos.

Retomar la disciplina fiscal y fortalecer el marco institucional

Así, las tendencias recientes revelan fisuras que deben ser atendidas. El deterioro fiscal e institucional de los últimos años subraya la urgencia de retomar una disciplina creíble y de optimizar el uso de los recursos públicos. El próximo gobierno tiene la obligación de consolidar un marco institucional que articule reglas fiscales claras, supervisión independiente, planificación de mediano plazo y mecanismos efectivos de rendición de cuentas. Esto es algo que debemos exigir a los candidatos que aspiren a gobernarnos.

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