Por Luis Miguel Castilla
La relación entre los términos de intercambio —donde para el Perú los metales tienen un peso muy alto— y el crecimiento del PBI constituye un tema clásico en la macroeconomía de países dependientes de recursos naturales. La teoría señala que, cuando los precios internacionales de los metales aumentan, el país obtiene mayores ingresos por exportaciones, un incremento de la recaudación fiscal y un estímulo a la inversión minera, especialmente si se percibe que el ciclo será sostenido. Asimismo, se espera un mayor dinamismo del consumo interno, impulsado por el crecimiento de los ingresos fiscales y los salarios en sectores vinculados. En conjunto, estos factores deberían elevar las expectativas de crecimiento del PBI.
Evidencia empírica del impacto de los precios internacionales en la economía peruana
La evidencia empírica confirma esta relación. Estudios del BCRP han mostrado que el superciclo de los commodities (2003–2013) explicó en buena medida el auge económico, reflejado en tasas de crecimiento cercanas al 6–7%. Por el contrario, cuando los precios se redujeron (2014–2016), el crecimiento se desaceleró a niveles de 2–3%, lo que evidencia la fuerte dependencia de la economía peruana de los mercados internacionales.
Factores estructurales que limitan el aprovechamiento de la bonanza minera
Sin embargo, la traslación de precios altos hacia mayor crecimiento puede debilitarse por factores estructurales e institucionales que limitan aprovechar la bonanza:
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Minería ilegal e informal. Representa una proporción creciente de la producción aurífera cuya comercialización no se canaliza por vías formales. Ello implica menor recaudación, escasa generación de encadenamientos productivos y mayores costos sociales (ambientales, inseguridad). El país no logra capturar plenamente la renta derivada de precios altos.
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Excesiva carga regulatoria. La minería formal enfrenta permisos ambientales, sociales y administrativos que pueden extenderse durante años. En un contexto de precios elevados, la inversión debería expandirse, pero los retrasos obstaculizan la puesta en marcha de proyectos, restringiendo el efecto multiplicador en el PBI.
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Litigiosidad y arbitrajes internacionales. Los conflictos entre empresas mineras y el Estado se han intensificado, motivados por disputas tributarias, concesiones, licencias o contratos de estabilidad jurídica. Un mayor número de litigios eleva la percepción de riesgo regulatorio y político, desalentando la inversión a largo plazo aun con precios favorables.
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Conflictos sociales y debilidad institucional. Las tensiones en torno a proyectos han paralizado iniciativas estratégicas, mientras que problemas de gobernanza dificultan que la renta minera se traduzca en inversión pública eficiente.
Problemas derivados de la minería ilegal e informal
En los últimos años, estos factores han reducido la capacidad de convertir precios altos en crecimiento sostenido. Se trata, en esencia, de un problema de captura de rentas y deterioro del clima de inversión. Reconocerlo es imprescindible: solo así la bonanza internacional —que probablemente continuará— podrá convertirse en motor de crecimiento y no en otra oportunidad perdida.
Conoce más en el informe de Videnza Instituto, publicado en Gestión:
