Por Luis Miguel Castilla

El sinceramiento reciente de los plazos de ejecución de más de cuatro mil proyectos regionales en el país ha dejado al descubierto una verdad incómoda: el Estado peruano ha normalizado la ineficiencia. La cartera de inversiones públicas, que debía ser un motor de desarrollo y bienestar, se ha convertido en un laberinto burocrático donde los plazos se estiran, los costos se inflan y los resultados se difieren una y otra vez, hasta 20 años después de lo previsto.

No es falta de dinero, sino de gestión

No se trata de falta de dinero. Solo en 2024, la inversión pública alcanzó los S/ 57 mil millones, con una ejecución del 82%. Sin embargo, millones de peruanos siguen esperando agua potable, escuelas y hospitales equipados. El problema, por tanto, no es de recursos, sino de gestión y, obviamente, de mayor transparencia en el uso de los recursos públicos.

Un sinceramiento que maquilla el atraso

El “sinceramiento” de fechas, tras la aprobación de una ley que prioriza el financiamiento de obras paralizadas y no de proyectos nuevos, lejos de ser una solución, ha maquillado el atraso. Más de la mitad de los proyectos regionales postergaron su culminación entre cuatro y ocho años para abrir espacio de financiamiento a nuevos proyectos. Así, obras que debieron estar entregadas en 2023 ahora figuran con nuevos plazos que se extienden hasta 2036. Un cambio en el calendario que no responde a avances reales, sino a una decisión administrativa que disfraza la ineficacia.

Sectores esenciales, los más perjudicados

Los sectores más afectados —Educación, Salud y Transporte— son precisamente los que sostienen la calidad de vida de los ciudadanos y el desarrollo futuro del país. Postergar escuelas, carreteras u hospitales no es un simple ajuste administrativo: es una renuncia a la oportunidad perdida de reducir brechas y dignificar la vida de los peruanos.

Reformar la gestión, no solo aumentar el presupuesto

Por ello, insistir en pedir más presupuesto sin reformar la gestión es una salida falsa. En este marco, es urgente recuperar la conexión entre planificación, programación y ejecución. La Programación Multianual de Inversiones debe dejar de ser un inventario decorativo y convertirse en una herramienta vinculante, basada en brechas reales y metas medibles. El Estado no puede seguir improvisando obras que nacen sin estudios sólidos ni capacidad de gestión para sostenerlas.

El verdadero valor de la gestión pública

Una gestión pública moderna se mide no por cuánto se gasta, sino por lo que se logra con cada sol invertido. No hay desarrollo posible si la inversión pública se diluye en cronogramas eternos y proyectos que cambian de fecha más que de avance. La ciudadanía no puede seguir pagando la factura de la ineficiencia estatal.

Resultados, no excusas

Hoy más que nunca, se necesita liderazgo técnico, integridad en la planificación y eficiencia en la ejecución. Solo así se podrá transformar el gasto en bienestar y la inversión en verdadero progreso. El Perú no necesita más excusas ni nuevos plazos: necesita resultados. Esto debiera estar bien internalizado en la agenda prioritaria del MEF en los próximos meses, a medida que se prepara para dejar la casa ordenada para la siguiente administración.

Lee el informe de Videnza Instituto publicado en Gestión: