Por Luis Miguel Castilla

En el Perú, los recursos sobran, pero falta desarrollo. Cada año, cientos de gobiernos locales repiten el mismo fracaso: presupuestos que no se ejecutan, obras inconclusas y una gestión pública que no logra transformar dinero en bienestar. Mientras tanto, millones de peruanos siguen esperando agua, escuelas y caminos que nunca llegan.

Ineficiencia y corrupción: las verdaderas fugas del gasto público

Según la Contraloría General de la República, más de S/ 24 mil millones del gasto público se pierden anualmente por ineficiencia, corrupción o uso irregular de los recursos. En los gobiernos locales, los niveles de ejecución de inversión apenas bordean el 60%, y en distritos con canon, el subejercicio llega a ser aún mayor. No es una falta de dinero: es una falta de gestión, control y rendición de cuentas.

Una gestión pública atrapada en la improvisación

La alta rotación de funcionarios, la débil capacidad técnica y la maraña burocrática han convertido la inversión pública en una herramienta ineficaz. Se gasta tarde, se gasta mal o, simplemente, no se gasta. En muchos municipios, la improvisación y el clientelismo pesan más que la planificación o los resultados. Y cuando la falta de capacidad se mezcla con corrupción, el daño se multiplica.

La paradoja del canon: riqueza sin desarrollo

La paradoja es evidente. Distritos con enormes recursos del canon —como Espinar o San Marcos— siguen mostrando altos índices de pobreza y obras paralizadas. Mientras tanto, pequeños municipios sin canon, en regiones como Ayacucho o Huancavelica, ejecutan más del 80% de su presupuesto gracias a equipos técnicos estables y gestión responsable. En un país desigual, la eficiencia también se ha vuelto un privilegio.

Un sistema que protege privilegios y perpetúa desigualdades

Y cuando se plantea corregir el reparto del canon, el sistema se blinda. La Constitución y la Ley de Canon atan los recursos al lugar de extracción, y cualquier intento de redistribuirlos tropieza con intereses políticos. Nadie quiere ceder privilegios. Así, el dinero se acumula donde menos impacto tiene, mientras los distritos vecinos —que sufren los mismos impactos ambientales— apenas sobreviven con transferencias marginales.

El verdadero desafío: gastar mejor, no gastar más

Pero el debate no debe centrarse solo en “repartir más”, sino en gastar mejor. Se necesitan equipos técnicos permanentes, gestión profesionalizada y transparencia obligatoria. Las transferencias del Ejecutivo deben estar condicionadas a resultados verificables, con incentivos reales a la eficiencia y sanciones al despilfarro. El concepto de control concurrente de la Contraloría debe cambiar para acompañar, no solo castigar o simplemente acumular mayores recursos por la tasa de supervisión que se les carga a los proyectos, sin mayores resultados evidentes.

Urge una reforma profunda del canon y la inversión pública

El resultado actual es inaceptable. El Perú necesita un debate nacional profundo sobre la reforma del canon y del sistema de inversión pública. No basta con administrar la desigualdad; hay que cambiar las reglas que la perpetúan. Esta necesidad probablemente no sea atractiva para los políticos, que no querrán alienar a sus bases de apoyo. Pero, lamentablemente, mantener el statu quo no debiera ser una opción. Urge acción en la materia.

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