Por Luis Miguel Castilla

Uno de los principales problemas que tiene nuestro país y que no está siendo abordado por los candidatos presidenciales es el fallido proceso de descentralización que se inauguró en el 2004. Grandes segmentos de la población en las regiones legítimamente reclaman por la ausencia de Estado y la carencia de servicios básicos de calidad pero erróneamente le achacan la responsabilidad al modelo económico vigente. 

Lo cierto es que esa responsabilidad recae en la deficiente gestión de los gobiernos subnacionales que carecen de capacidades, son entidades atomizadas, no actúan de manera articulada con el desarrollo territorial, son insolventes, dependen excesivamente de transferencias y están plagadas de corrupción. Esta problemática no se resuelve solo poniendo el foco en regiones ricas en recursos naturales y planteando soluciones efectistas como la distribución de efectivo a la población (que podría ser un bumerán como el caso de Las Bambas demuestra). Sino cambiando esta mal entendida concepción de autonomía constitucional. No se trata de recentralizar funciones necesariamente pero de ponderar esa autonomía con el derecho de la población de recibir servicios básicos. De lo contrario continuarán los feudos territoriales intocables que perpetúan la marginación que muchos sienten.

Conoce más sobre los problemas de la descentralización en la columna de opinión de Miguel Castilla.