Por Luis Miguel Castilla.

Las deficiencias en la gestión pública y la urgencia que debiera haber por atender los legítimos reclamos de la población más vulnerable en un contexto de convulsión social obligan a repensar la participación privada para mejorar el acceso y la calidad de servicios básicos. En tanto se desarrollan las capacidades en el sector público y se genera un shock de gestión para impulsar la inversión pública, urge dejar los prejuicios de lado y alentar nuevas formas de colaboración público-privadas.

En la actual coyuntura, como país no podemos darnos el lujo de atender grandes segmentos de la población que claman por servicios de calidad. Al ritmo que va la ejecución de los proyectos del Plan Nacional de Infraestructura Sostenible para la Competitividad, tomaría más de treinta años cerrar las brechas que impiden que el Perú siga creciendo de manera sostenible. Esto hace imperativo dejar los prejuicios ideológicos de lado y optar por modelos de gestión privada de ciertos servicios básicos.

Agua y saneamiento

El sector de agua y saneamiento es particularmente sensible por el impacto que tiene en la salud pública y en las condiciones de desarrollo humano de la población. Pese al incremento en la asignación de recursos, se registran brechas crecientes en el acceso a agua. Al 2021, alrededor de 1.4 millones de personas del ámbito urbano y 1.6 del rural no contaban con acceso a servicios de agua. Estas brechas son mayores a las registradas en el 2019.

Un patrón similar ocurre en el caso de saneamiento. Al 2021, alrededor de 3.3 millones personas del ámbito urbano y 5.2 millones del rural no contaban con acceso a servicios de saneamiento. A pesar de que el 35% del monto necesario para el cierre de brechas ya ha sido invertido, el cierre de brechas en agua y saneamiento solo ha avanzado en 13% y 8%, respectivamente. A nivel nacional se reciben 18.5 horas continuas de servicio de agua por las empresas prestadoras de servicios de agua y saneamiento (EPS), en promedio. Sin embargo, en la costa solo el 50% de los hogares recibe agua segura, cifra que en la sierra y la selva es de solo 20%.

¿Qué puede hacer el sector privado? De haber la decisión política, se puede impulsar una mayor participación del sector privado en las EPS partiendo de los procesos más simples. Ello para obtener una mayor aceptación social de la población, que ve con recelo la intervención del sector privado en la provisión de un servicio básico fundamental como el agua. Esto puede iniciarse con el otorgamiento de contratos de gestión y la compra de “agua en bloque” hasta eventuales concesiones parciales o totales.

La idea es cambiar el esquema tradicional de obra pública por uno que define una población y un nivel de servicio requerido, asigna presupuesto para la fase operativa y selecciona un operador especializado que provee el servicio. Los beneficios de este esquema radican en la reducción de plazos para la puesta en marcha de servicios y el traslado de riesgos al privado. Esto significa que hay un menor margen para actos de corrupción, la tramitología es asumida por el privado y se daría una mayor calidad del servicio a un menor costo.

Salud

La pandemia desnudó las debilidades estructurales de nuestro sistema de salud pública. A pesar del avance en el aseguramiento universal, es un sistema débil que no resuelve los problemas de salud de la mayoría de peruanos. A esto se suma un cambio en el perfil epidemiológico, donde las enfermedades no transmisibles representan el 68% de la carga de enfermedad.

El sector público de salud asegura al 91% de peruanos y agrupa al 84% de las camas hospitalarias del país. Esto vuelve imposible que el sector privado sustituya al público en ofrecer servicios de salud. Sin embargo, hay ámbitos donde sí puede ayudar y donde su participación sería fundamental.

¿Qué puede hacer el sector privado? Por ejemplo, ofrecer apoyo en la implementación de la historia clínica electrónica y la gestión de recursos en línea. Asimismo, otorgar asistencia técnica para implementar rutas de referencia y contrarreferencia mediante donaciones orientadas a la mejora del desempeño, asociaciones público-privadas (APP) y Obras por Impuestos (OxI). Y, por supuesto, participar en el primer nivel de atención, como lo hacía EsSalud con las unidades básicas de atención primaria (UBAP), con gran satisfacción de los asegurados y mejores resultados de salud: menores tiempos para conseguir la consulta, ser atendidos y recibir los tratamientos.

Sin embargo, hoy en el Perú existen solo cuatro APP en el sector salud, todas ellas en Lima Metropolitana. Es el caso de los hospitales Barton (Callao) y Kaelin (Villa María del Triunfo), que han reducido considerablemente los tiempos de espera y muestran indicadores de satisfacción entre los usuarios superiores al 80%. Cuentan, también, con la certificación ISO 9001.

Por su parte, el Instituto Nacional de Salud del Niño San Borja es una APP que viene mostrando resultados interesantes vinculados al planteamiento de redes integradas de salud del Ministerio de Salud. Sus costos de operación y mantenimiento son entre cinco y siete millones de soles anuales menores que los del INSN-Breña, gestionado por el Estado. También cuenta con las certificaciones de calidad ISO 9001 y 14001.

Finalmente, la APP de EsSalud y la empresa Salog se especializa en gestión logística, almacenamiento y distribución de productos farmacéuticos y dispositivos médicos. Ha mejorado la gestión de inventarios y ha permitido disminuir los niveles de stock. Ahora se acerca a los asegurados incluso a través de farmacias privadas.

Muchas de estas experiencias se pueden repetir en el Ministerio de Salud y en regiones. Son formas de involucrar al sector privado para mayor eficiencia en el logro de las metas. Pero ello pasa por disminuir la alta rotación en los cargos gerenciales del Estado, combatir la corrupción en el sector y reforzar la voluntad política.

No habiendo espacio para la complacencia ni el dogmatismo, se debe alentar una mayor y más activa colaboración del sector privado en la mejora de los servicios fundamentales como la salud, sector especialmente golpeado por la pandemia y que aún no recibe la atención requerida. Existen valiosas iniciativas en curso, pero sin duda los esfuerzos se podrían escalar de haber un mayor liderazgo y espacios de confianza mutua.