Por Luis Miguel Castilla. 

Intentando resucitar el fallido proceso de integración regional del Unasur, Lula convocó a los líderes de Sudamérica en un contexto donde la izquierda populista y demagógica gobierna en varios países de la región, Brasil intenta lavarle la cara al régimen dictatorial venezolano, son una minoría los líderes que muestran sensatez en el manejo de sus economías y el gobierno de nuestro país aparece como el apestado del vecindario.

Se plantea revivir un bloque ideologizado caduco y se propone el disparate de tener una moneda común regional. Todo esto mientras que el bloque económico más exitoso de la última década, la Alianza del Pacífico, ha caído presa de la parálisis- encontrándose en un limbo- a raíz de la ilegal negativa del presidente mexicano de pasarle la presidencia pro-tempore al Perú, como el Tratado de la Alianza lo estipula.

Estas irresponsables acciones petardean un esquema de integración abierta que para el Perú representa un mercado de más de US$ 8.000 millones y la posibilidad de profundizar los lazos comerciales con las economías que pretendían convertirse en miembro asociados de la Alianza (Singapur, Australia, Nueva Zelanda y Corea del Sur).

Relaciones entre México y Perú

Además, inaceptables resultan las absurdas amenazas de AMLO de suspender las relaciones económicas y comerciales entre México y el Perú. Aunque estas declaraciones son meramente retóricas e impracticables en economías de mercado, subestima que las empresas mexicanas son las que tendrían más que perder (nos venden anualmente US$ 2.000 millones en electrodomésticos y automóviles, frente a los US$ 800 millones que les exportamos).

Si bien esta situación ha valido el rechazo de los gremios empresariales mexicanos, es claro que lo que está en juego es la vigencia de la Alianza del Pacífico y su potencial para el comercio y la inversión y el bienestar de 230 millones de personas.

Otros acuerdos comerciales como el TPP y bloques de cooperación económica, como el APEC (que de hecho Perú presidirá a partir del año entrante) son ligas mayores donde también participamos y cuyos miembros deben estar viendo con asombro la manera tan irresponsable que México condiciona sus relaciones económicas por meros móviles políticos e ideológicos. El daño en la imagen internacional ante la politización de la Alianza y la percepción de ser economías impredecibles tomará años en sanear.